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10/2/11

Querido Diario. (Capítulo 2 - Carta de despedida)


Estimado dueño, te escribo esta nota con el fin de aclarar esta locura.

Se que me estarás buscando, pues siempre fuiste fiel a mi, constante y amigo de venturas y desdichas.

El principal motivo de mi huida, fue la pérdida del rumbo a la que me veo sometido.

Todas estas hojas a medio acabar empezaron empapándome de ilusión, mas tarde, seduciéndome con la expectación y ahora, desengañándome por la apatía.

Tú, que tanto presumes con el orden, que de cara a los demás te muestras tan interesante, que pretendes engañarte a ti mismo plasmando sensaciones de papel inerte que amarillea con el tiempo.

¿A caso yo, títere, ya de por si deshumanizado y sometido a esta existencia, no tengo derecho a crear mi propia vida?, tu vida.

Ahora estás en manos del destino, sin mentiras, sin tachones que como clavos ardiendo me unen a esta pena pendiente. Ahora eres tu quien está a merced de la vida que poco a poco se ira completando en estas hojas baldías.

Planearás sin rumbo por un mundo real, el mundo que a tu imagen y semejanza tatuaste en mi cuerpo y del cual presumías. Mientras yo, espejo sucio de tu alma, calcaré a fuego dentro de tu mente cada paso que des, con el fin, de acabar con esta parálisis en la que estamos sumidos.

Estimado dueño, bienvenido a tu destino, espero lo recuerdes bien, pues tendrás que completar multitud de piezas dentro de este infinito puzzle.


Se despide el mas ferviente seguidor de tu vida, tu diario personal.

9/2/11

Querido Diario. (Capítulo 1 - La búsqueda)


Alguien ha leído mi diario, lo sé, estoy seguro de ello.
Las cosas no están ocurriendo porque si, ahora tienen patas! Huyen de todo, chillan a oscuras y juegan a la ruleta rusa con mi mente. Ayer me di cuenta de ello, me encontraba solo y a oscuras, o al menos eso pensaba yo antes de que ocurriera lo que ocurrió. Apenas tuve tiempo, fue un golpe seco, un taladro desigual en mi lisa mente.

Ocurrió mientras abría el cajón, un cajón simple, de madera y agarradera de toda la vida... tuve la extraña sensación de que alguien había cambiado la contraseña, cambiando los cajones de lugar, roto el orden diario que me había tenido uniformado gran parte de mi vida. No estaba allí! Se lo habían llevado!.

Aun estaba a medio terminar, lleno de borrones y apuntes, canciones inacabadas, nombres tachados, tickets de metro caducados que hacían pareja con entradas de cine.

Rebusqué por toda la casa, incluso por debajo de ella. Se me pasó por la cabeza salir a buscarlo por la calle, tal vez se lanzase por la ventana suicidándose debido a su aburrida vida, mediocre y sin emoción. No halle rastro alguno.

Alguien ha leído mi diario, y lo sigue rellenando con mi vida, lo sé, estoy seguro de ello.

Seguiré buscando en sueños, tal vez en ellos no estuviera escrita su pérdida.

Mañana, seguro estará de nuevo en su cajón.

Buenas noches, querido Diario.

16/5/09

EL OMBLIGO DE JULIO


Julio estaba inusualmente feliz aquel día. Era su cumpleaños, 27 de Julio de 2003. Un bonito día de julio para Julio – dijo en voz baja todavía adormecido.

Todo era tan perfecto para él, que no cometería el mismo error dos veces seguidas. Bastantes años perdidos para un joven de la edad de Julio, ya era hora de dedicarse un segundo y mirarse al ombligo.

El ombligo de Julio era diferente al del resto de la humanidad. En el se podía apreciar un fuerte brillo que quería salir de la oscuridad de aquel orificio, como uñas de luz que arañaban el borde del abismo sin dejar de contener las fuerzas, intentando salir limpiamente hasta fundirse con el sol de la mañana. Sus alrededores eran tan limpios y puros que recordaban aquella pradera verde plagada de decenas de caballos salvajes de pelajes largos crecidos al antojo de una mano divina y todopoderosa.

Tan inusual sentimiento de bienestar no podía malgastarse esta calurosa mañana de Verano. Julio sentía la necesidad de mostrar su ombligo al resto del mundo.

Se lo mostraría a la casera de su apartamento cuando llamase a las diez para pedirle la mensualidad del alquiler como cada mes. De esa manera no sería un mes más apuntado en una libreta de cuentas pagadas y sin pagar. Sería el mes en el que Julio manifestó públicamente sus esperanzas e hizo cerrar los ojos a la casera. Julio sabía que la Señora Conchita no cerraría los ojos por tan obsceno acontecimiento, los cerraría debido a la fuerza de la luz que estaba emanando su enorme agujero lleno de satisfacción.

Entonces la Señora Conchita montaría un escándalo en medio del rellano, los vecinos saldrían alertados y desconcertados por los gritos.

¡Que barbaridad! ¡Señor Julio, por Dios! ¿Por quién me ha tomado usted? – Diría la casera.

Entonces subirían las señoras del quinto con los ojos como mirillas, con las bocas de buzón y con las manos en los pelos de felpudo dando la bienvenida a su ombligo feliz y lleno de vida… y todos quedarían petrificados por su brillo cegador.

¿Quién tiene el poder de la mirilla ahora? – Exclamaría Julio en voz alta.

También subiría la “loca del bajo B”, La Señora Manuela. peldaño a peldaño hasta el sexto piso apoyada en su bastón de los años 50, y por primera vez en mucho tiempo se le curaría la cojera por las prisas y el escándalo que podría escuchar aun estando bastante sorda. Llegaría ante Julio y leería el mensaje oculto de su foco. Enloquecida, mas si cabe, lanzaría el bastón por el hueco de la escalera y correría escaleras abajo con la vitalidad de una joven quinceañera. Gritaría con el eco de un pasado, rejuvenecería las arrugas de su voz ahora carcomida por el paso de los años y allí quedarían ante Julio las canas de su locura.

Ante semejante espectáculo bajaría el presidente de la comunidad de vecinos del último piso. Trajeado de pies a cabeza con una corbata de color rojo oscuro y apagado. Se abriría su bigote autoritario y quedaría a la vista de todos los espectadores un ojo rosado y húmedo adornado por una gran ceja cada vez más pequeña y con menos potestad. La luz cegadora carcomería el negro de su chaqueta protocolaria, convirtiéndola en un blanco puro que todavía reflejaría más el fulgor, asustando su corbata, la cual abandonaría su pescuezo y caería como un pétalo marchito al suelo del rellano.

Suena el despertador y Julio mira sus grandes dígitos rojos.

Las 10:00 de la mañana, ya va siendo hora de ponerse en marcha – Pensó

Abrió el armario en busca de sus mejores galas.

¿La camisa negra o la camisa blanca? – Consultó con el espejo.

Ring, ring, ring… Suena el timbre de la puerta…

20/10/08

INSOMNIO

Un ruido extraño camina destruyendo cada centímetro de silencio, se oculta tras el armario, justo debajo de los zapatos.

No puedo dormir, pues por debajo de la puerta donde está escondido, brota un reguero de palabras escritas con tinta negra que no puedo descifrar. Son palabras entrecortadas que hieren mis amedrentadas miradas haciendo que se desvíen una y otra vez.

Cuando por fin parece que puedo conciliar el sueño, el ruido consigue salir por la entreabierta puerta, se eleva hasta el techo y se deja caer sobre mi brutalmente. Mis ojos se abren tanto, que puedo sentir su aliento por detrás de ellos, empujándolos hasta casi salirse de las cuencas.

Pienso: - “Es un ruido, no es dañino”

Pero es entonces cuando cientos de agujas atraviesan mis tímpanos y se quedan allí insertadas, puedo sentir que están frías, me dejan paralizado y hacen que vibren a su voluntad.

Ya no siento miedo, pues soy presa de el.

Acaricia mi pelo y lo pone de punta, lame mi espalda y eriza mis poros, de los cuales, surgen ramas inertes de las que comienzan a desarrollarse cientos de extrañas flores rojizas.

Al alba ya, me dejo llevar sin poder cerrar los ojos y camino tras sus pasos.